Vámonos a las montañas: un día de senderismo por Cercedilla (Madrid)

¡Hola!

Como ya sabréis, me encanta ir de senderismo y después de pasar un mes y medio “encerrada” en la gran ciudad, me apetecía ir de senderismo.

Mirando varios lugares alrededor de la capital, que estuviesen bien conectados y que estuvieran en plena naturaleza, mi novio y yo encontramos Cercedilla. Un municipio situado en la sierra de Guadarrama, a una distancia de cincuenta y siete kilómetros de Madrid.

Yo tenía mis dudas y no sabía si la naturaleza de la Comunidad de Madrid iba a estar a la altura de mis rutas de senderismo en pleno bosque checo. Sin embargo, me encantó.

A continuación, aquí os dejo la ruta más o menos que hicimos. La aplicación que utilizo, MapMyHike decidió no grabarla… Por eso, he tenido que recordar los lugares por los que pasamos :D.

Desde nuestro piso fuimos a Atocha para poder coger el tren que nos llevaría Cercedilla. Es el cercanías C2, tarda aprox. 80 minutos y vale 5,50 € el viaje. Cuando nos subimos al tren, entraron con nosotros varios grupos de personas con ropa de senderismo o bicicletas y, de hecho, nos encontramos a varios de esos grupos en nuestra ruta.

Desde la estación de Cercedilla, seguimos por la carretera hacia el norte. Llegados un punto, vimos un cartel que indicaba una ruta a lo largo de la carretera pero que iba campo a través. Así que nos desviamos y pudimos disfrutar de la refrescante agua de un arroyo y de la fuente del III Retén.

La ruta volvió a casi juntarse con la carretera y pasamos por una granja con caballos y el albergue juvenil “Las Dehesas”. Seguimos campo a través, a lo largo de la carretera, que cada vez estaba más llena de coches, hasta divisar el parking de Aventura Amazonia, un parque multiaventura, que esperamos visitar pronto.

Dejamos el parque a nuestras espaldas para poner nuestros pies sobre la calzada romana y el puente del descalzo. A continuación, nos paramos a beber agua de la fuente de la salud.

La ruta continuaba por la calzada hasta una zona cercada, donde había vacas sueltas pastando en lugares casi imposibles.

Después de un largo trecho, nuestra ruta se unió al carril para bicicletas por un rato hasta llegar a la senda de la victoria. Seguimos esa senda para poder ver la ducha de los alemanes, una cascada con un chorro fino, perfecta para darse una ducha, aunque a mí me gustó una minicascada que encontramos por el camino, pero que no tiene nombre.

Allí, al sonido de la ducha de los alemanes y con los pies metidos en el agua, nos zampamos nuestros bocadillos y descansamos.

Nuestra idea era volver por el camino que habíamos recorrido y seguir por el carril de las bicis de vuelta al pueblo, pero al final decidimos seguir por la senda de la victoria un rato más. Así que subimos bastante durante un rato, pero las vistas merecieron la pena. Esa parte de nuestra ruta fue la mejor de todas. Nos sentamos en una enorme roca que daba al tajo para disfrutar de la naturaleza y las vistas.

Después de descansar otro rato sobre la roca, seguimos el camino hasta un lugar donde la senda y el carril de bicis casi se tocan, lo he marcado en el mapa con el número 10. Así que nos pasamos al carril de bicis (el mapa no me deja hacerlo, pero básicamente nos pasamos al carril de bicis para evitar dar un rodeo alrededor del refugio de Navarrulaque).

Seguimos el carril de bicis (en el que, por cierto, hacía mucha más calor y había menos sombra que por la senda) hasta llegar al mirador de Vicente Aleixandre. Allí coincidimos con una pareja de jóvenes que hablan entre sí sobre las montañas y los envases que se podían ver desde allí. Así nos enteramos de que las montañas que había justo detrás de nosotros eran los Siete Picos…

Seguimos un poco más hasta llegar a otro mirador, el de Luis Rosales. Desde allí se ve perfectamente el pueblo de Cercedilla y nos quedamos un rato bajo la sombra de un árbol contemplando el paisaje. Después, mi mirada se posó en una placa metálica en la roca y resultó ser la puertecilla de un hueco en la roca donde se encontraban varios libros (una antología de Luis Rosales y El Principito) y el cuaderno de visitas. Firmamos como es tradición y leímos un par de poemas del autor.

Después, iniciamos el casi interminable descenso por una ruta de la cual ya no estoy segura, pero que nos llevó más o menos al punto de partida, la carretera al pueblo de Cercedilla.

Como llegamos con tiempo de sobra para coger el tren de vuelta, nos paramos en un bar-restaurante a tomarnos un café y volvimos empolvados pero contentos a Madrid.

Y, eso es todo, la verdad es que me sorprendió mucho lo bien que me lo pasé en Cercedilla y todas las cosas que hay que ver por allí y que fuimos descubriendo poco a poco por nosotros mismos, ya que la ruta que teníamos planeada en el tren no era la que finalmente recorrimos.

Os recomiendo mucho esta ruta y espero poder ir pronto de nuevo a Cercedilla para perderme un poco por el bosque.

Decidme si os gusta hacer senderismo y recomendadme algunas de las rutas que más habéis disfrutado cerca de Madrid.

¡Un saludo y a seguir andando!

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La fuente de todas las imágenes se pueden encontrar al hacer clic sobre la imagen correspondiente. La imagen de cabecera es de cosecha propia ;).

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